![]() |
| Foto: Europa Press |
Mucha gente se sorprendió la mañana del viernes pasado con
la noticia de que un hombre había estrellado su coche cargado con dos bombonas
de butano en la sede del Partido Popular en Génova. Sede, por cierto, pagada
presuntamente con dinero de la Caja B del Partido Popular. Yo no me sorprendí.
Todo lo contrario.
Si algo ha dejado claro esta estafa ha sido la madurez de la
sociedad española para que esto no pase prácticamente cada día. Porque los que
en este país se han suicidado cuando han sido deshauciado de su hogar por un
banco miserable y un gobierno cómplice, por la impotencia de verse acorralado y
sin ninguna salida para su vida, en cualquier otro país del mundo hubiera
volado por los aires la sucursal del banco.
Madurez para organizarse de manera paralela a un estado que
ya no representa a la mayoría, sino que representa a una oligarquía que se
dedica a exprimir día tras día a los ciudadanos, madurez para construir
movimientos sociales, plataformas, marchas, Ganemos, y para no asumir que la
realidad actual no se puede cambiar.
Cuánto ha cambiado este país para que un hombre que estrella
un coche con dos bombonas de butano contra la sede del partido de gobierno
genere en la ciudadanía comprensión y no rechazo. Cuánta conciencia se ha
generado para que las trabajadoras y trabajadores de este estado se den cuenta
de que el culpable NO es el que empotra el coche, sino el gobierno que le
aplasta la cabeza hasta que el miedo, la rabia y la desesperación le llevan a
empotrarlo.
El régimen del 78 se derrumba, y con él los dos grandes
partidos que lo han sostenido junto con la banca y las grandes empresas de este
país. Es hora de empujar toda esa fuerza social hacia un proceso constituyente
que vuelva a convertir este estado en un estado donde, por primera vez en 8
décadas, sean los pueblos que lo habitan los que construyan las leyes, y no los
opresores que les exprimen cada día.
